El Último Minotauro en Teatro Ditirambo

Una obra que parte del mito, e inspira la presencia de estos personajes desde otra perspectiva, acude a las relaciones disfuncionales y a permanentes diatribas que consolidan el desarrollo de s personajes y sus distantes relaciones.

El Minotauro habita un laberinto, allí espera su tributo cada nueve años: jóvenes atenienses que él devorará por orden del Rey Minos, padre de Ariadna. Entre estos jóvenes vendrá Teseo, príncipe ateniense quién tiene la misión de aniquilar al Minotauro. El laberinto es complejo, y nadie ha descifrado sus caminos, Para fortuna de Teseo, Ariadna se enamora profundamente de él, y por amor decide ayudarle. Ella hilará un interminable hilo que llevará Teseo para evitar perderse en el laberinto. Es este el mito griego de Ariadna, que León Febres Cordero toma para cuestionar el tedio de la vida que se nos presenta como un laberinto, los problemas de identidad y la aceptación de la fatalidad del destino. Tres actores inmersos en el mito nos invitan a seguirlos en sus recorridos por el laberinto, amalgamando la realidad mítica y su propia cotidianidad.

En el laberinto caminan El Minotauro, Ariadna y Teseo. El Minotauro, sumergido en el tedio absoluto de tener que Ser quién el mito le obliga a Ser, sólo espera el final del mito, su muerte. Es quién camina sin esperanza, pues no ve la utilidad de su vida: El cumplimiento de un rol de manera eterna cae en un sin sentido, días que se repiten, un fin que espera eternamente y no llega a él, el peso de una vida que tiene que vivir sin opción. Su existencia no corresponde a su voluntad, pero se siente obligado a cumplir su rol en el mundo, en el laberinto, y esto le vacía y le hace cuestionar la utilidad de una existencia así.

Ariadna, se busca a sí misma en el laberinto, inconforme absoluta de su vida, busca desesperada en las paredes su ser. La identidad se le ha perdido en sus enmarañadas rutas. Su existencia ahora la soporta el mito, que es su realidad absoluta, más ella no tolera su vida enmarcada, la negación de su libertad es la negación de su yo y se difumina el horizonte de su vida. Su presente y su futuro caen ante la idea de que ella no pueda ser ella misma.
Teseo, el héroe del mito, confía en el derrocamiento de su talón. Sabe su misión, la misión de un mito que lo cerca, él confía plenamente en fallar. La muerte la trata como su dulce mascota, una mascota que le muerde con furia los pies… Y sin embargo, se mueve en el laberinto como todos aquí. Lo que evita que le entregue la yugular a su mascota es la mano de Ariadna, su querida Ariadna, que despacio abre su carótida.

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Ivan Briceño Linares

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