Diana Espinosa, la primera ingeniera en su gremio

Con paso acelerado, voz firme, carácter en las ideas y una visión empresarial (apenas natural por su condición propia), la ingeniera Diana Espinosa Bula preside desde hace cuatro años la Sociedad Colombiana de Ingenieros, el gremio de los ingenieros en Colombia. Se trata de un sector de la industria en el que la presencia de hombres siempre ha sido mayoritaria y que hoy, con ejemplos como el de ella, está cambiando. Aunque su junta directiva es masculina, con excepción de ella, decidió dejar en manos de otra mujer la Dirección Ejecutiva de la entidad.

La presidente de la Sociedad Colombiana de Ingenieros es madre, empresaria y es la primera mujer en llegar a un gremio de más de 100 años de tradición. En la misma silla desde donde ella defiende los intereses de los profesionales de la ingeniería en Colombia han estado otros de la talla del banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo o el científico Julio Garavito.

Diana Espinosa nació en Montería, capital de Córdoba (un departamento de la Costa Atlántica colombiana), estudio en la Escuela Colombiana de Ingeniería y posteriormente culminó una especialización en Sanemiento Ambiental, una maestría en Derecho de Recursos Naturales y un programa de Alta Dirección Empresarial del Inalde en la Universidad de la Sabana. Ella podría considerarse lo que en las universidades llaman un “ratón de biblioteca”.

En su trayectoria laboral hay una larga carrera. Se ha desempeñado en diferentes firmas de ingeniería, ha sido asesora de la Dirección General del INAT, Subgerente de Infraestructura del Incoder y hoy es miembro titular de la Academia Panamericana de Ingeniería -API- y de la Academia Colombiana de Historia de la Ingeniería de las Obras Públicas. Ha sido jurado de los Premios 360 Grados del BID en representación de Colombia y ha recibido importantes condecoraciones como la recientemente otorgada por la Sociedad Colombiana de Prensa en el Congreso de la República.

A Diana le gusta el vallenato, la Costa, los colores y la gente que cumple. Ha trazado discusiones, incluso, con el vicepresidente Germán Vargas Lloras sobre temas técnicos asociados con licencias ambientales, su verdadera pasión. Si hay algo que la defina desde su perspectiva profesional es el concepto de sostenibilidad. “La ingeniería debería ser sostenible por defecto”, repite frecuentemente en sus discursos.

Perteneciente a una de las familias más importantes de Córdoba, la presidente de la SCI condecoró con la máxima distinción del gremio al empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo, amigo de juventud su padre. Se le ve frecuentemente rodeada de los círculos de poder y comparte la sensibilidad de muchos líderes por las causas sociales como cuando contribuyó a apoyar la visita de la defensora de derechos humanos y esposa del preso político venezolano Lilian Tintori a Bogotá.

Diana Espinosa tiene una cercanía especial con la juventud de ingenieros que ven en ella la reivindicación de una profesión estigmatizada por los escándalos de corrupción o el desplazamiento por la mano de obra extranjera. “Hay que acabar con esos escenarios del país donde uno ve un solo proponente en las licitaciones, eso no puede ser”, repite y repite al enfrentar las discusiones sobre la reforma a la Ley de Contratación.

Próxima a cumplir su segundo periodo al frente del gremio y sin mayor interés de continuar -porque considera cumplido este ciclo de su vida-, aún sostiene que tiene mucho por aportarle al país. En la defensa de la ingeniería colombiana, la mayor inclusión de la mano de obra nacional y la posibilidad de que las pymes locales puedan presentarse a las grandes convocatorias de obras públicas algunos dicen que pronto la verán desde una posición destacada a nivel nacional. Por ahora, la “ingeniera” logró mostrar con satisfacción que las mujeres tienen grandes cosas para aportar en el cerrado círculo de la ingeniería.

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